
Mañana penosa. He estado todo el día melancólico, acongojado, triste, nervioso y "llantoso". No quería despertar, no quería levantar, ni hablar, ni ayudar, ni ver, ni oir, ni... Ayer día quince fue mi cumpleaños, sorpresa incluida. Regalos, tarta, familia, gestos de gratitud, y lejos de estar contento cada hora que pasaba notaba el pecho con más opresión. Guille dedicó su tiempo libre a obsequiarme con una fiestita, yo le pedí que no se excediera en nada, que si me quería hacer algo que fuera tranquilo, pero que por favor no invitara ni amigos, ni siquiera a primos de primos.. Pascualina, croquetas, chips, huevos rellenos, queso, jamón curado, refrescos, cervezas, y sobre la mesa dos globos de helio que levitaban suavemente. Los sobrinos y primos corriendo por toda la casa, Lola dando saltos, lametazos, y queriendo abalanzarse sobre los niños con ánimos de juegos acabó encerrada en el balcón. Me encantó verles a todo pero no quería eso, no quería nada. Soy una mala persona, un muy poco agradecido. Un vaso de Whisky en la última etapa, una charla desafortunada sobre la negligencia médica causada a mi abuela. Y ya la llama de la desolación llamó de nuevo a mi cabeza.
Que yo sienta, y quiera creer que está en un lugar mejor, no significa que mi condición más primitiva, mi condición humana necesite del afecto, de los besos, y el cariño que recibía en esta naturaleza. Soy humano porque las piedras no lloran. Tarta, velas y 28 años.
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